Sábado, 16 de mayo de 2009


Rentabilidad de la liquidez bajo revisión

Franz Cuhel ocupa un lugar privilegiado en la historia del pensamiento económico y pertenece a la escuela “vienesa” o “austriaca” de economía. En su libro Zur Lehre von den Bedürfnissen (1907), Cuhel presentó por primera vez una interpretación estrictamente ordinal de la utilidad marginal y, de este modo, hizo una contribución al avance sistemático de la teoría económica pura. Y como este artículo lleva el título en honor a Cuhel, considero que yo también debo cernirme a problemas puramente económicos teóricos. El propósito de este artículo no es la teoría general del valor sin embargo, sino, más específicamente, la teoría del dinero.

He escogido el título para mi artículo después de haber leído el famoso artículo de William H. Hutt “La rentabilidad del dinero guardado”[i]. Como Hutt, me gustaría abordar la siguiente tesis: que el dinero mantenido en forma de liquidez en los balances y los depósitos es algo “improductivo”, “estéril”, ofreciendo una “rentabilidad” nula; que solamente los bienes de consumo o los bienes de capital (inversiones) producen riqueza; que la única manera de hacer trabajar el dinero es ponerlo “en circulación”, es decir gastarlo en bienes de consumo o de capital; y que el hecho de tener, es decir no gastar, el dinero disminuye el futuro consumo y la producción.

Este punto de vista es muy popular entre los profesionales de las económicas y fuera también. Hutt ofrece muchos ejemplos. Yo solo voy a ofrecer dos. El primero de John Maynard Keynes. Una cita muy famosa de su Teoría General que sirve para este propósito: “El acto de ahorro individual”, con lo que Keynes denomina la tenencia de liquidez o “acumulación de las reservas” como acto contrario al consumo o inversión,

“significa la decisión no comer hoy. Pero no necesariamente supone una decisión de comer mañana o comprar un par de botas dentro de una semana o dentro de un mes o consumir un bien específico dentro de un tiempo específico. Por tanto, causa efecto negativo en las empresas que fabrican comida eliminando el estímulo necesario para el negocio que se dedica a fabricar algo hoy para el consumo de mañana. No se trata de una sustitución de consumo-demanda presente por consumo-demanda futuro, se trata de una reducción neta de esta demanda.[ii]

Ahí está: la acumulación de las reservas de dinero, es decir el hecho de no gastarlo en bienes de consumo o inversión, es improductiva, y realmente muy dañina. Según Keynes, el gobierno o su banco central deben crear y después gastar el dinero que los “ahorradores”, es decir los tenedores de liquidez, están acumulando de manera improductiva, y de este modo estimular ambos, consumo e inversión. (No hay necesidad de decir que esto es precisamente lo que los gobiernos y los bancos centrales están haciendo actualmente para supuestamente resolver la crisis económica.)

El segundo ejemplo es de los proponentes de “la banca libre” como Lawrence White, George Selgin y Roger Garrison. Según ellos, un incremento (no anticipado) de la demanda de dinero “empuja a la economía por debajo de su potencial” (Garrison) y requiere una compensación en forma de las inyecciones monetarias desde el sistema bancario.

Aquí está: el “exceso de la demanda de dinero” (Selgin y White) no solamente no aporta rentabilidad positiva sino es perjudicial; por tanto, se necesita ayuda. Para la banca libre la ayuda no debe provenir del gobierno ni de su banco central, sino desde un sistema de libre competencia de los bancos de reserva fraccional. Sin embargo, la idea es la misma: le tenencia (o el “exceso”) de dinero es improductivo y requiere solución.[iii]

No voy a entrar a valorar la crítica de Keynes de “los banqueros libres”. Solo les he mencionado para delimitar la idea que quiero atacar, y para indicar el amplio rango de su aceptación entre los economistas profesionales, tanto dentro como fuera del círculo de los keynesianos. De lo contrario de Hutt, que procedió de manera “crítica” en su artículo, es decir a través del examen de obras de varios autores llegó a la conclusión contraria a la de la mayoría acerca de la rentabilidad del dinero acumulado de modo más bien indirecto y circunstancial, yo quiero proceder de manera “apodíctica”: demostrando la productividad del dinero.[iv]

La primera reacción natural a la tesis de que el dinero ahorrado o acumulado en forma de liquidez es improductivo es la pregunta, ¿por qué, entonces, si la liquidez no produce  ningún efecto en el bienestar de los humanos, la gente la quiere acumular? Si la liquidez en realidad no es nada dado que no aporta rentabilidad, nadie querría tener cada vez más dinero, sin embargo prácticamente todo el mundo está intentando amasar cierta liquidez. Y si el dinero se está ahorrando continuamente, añadiendo cada vez más a las reservas por alguien, entonces, cuando “circula” pasa de unas manos ahorradores a otras, por tanto el dinero debe ser siempre “bueno para algo” durante todo el período de su tenencia.

Para comprender qué significa la frase “bueno para algo” debemos preguntarnos ¿cuándo, bajo qué condiciones no habría demanda para la liquidez? Curiosamente, en este punto todos los economistas están de acuerdo. Fue Ludwig von Mises quien dio la respuesta más brillante a esta pregunta. Ningún dinero y ninguna demanda de liquidez existirían dentro de un “equilibrio general”, o como Mises lo llama dentro de una situación imaginaria de una “economía que esté en una continua rotación”. En esta situación, la incertidumbre está eliminada de la acción humana. Todos saben los términos precisos, los tiempos y las localizaciones de cada acción futura, y consecuentemente todos los intercambios pueden ser arreglados con antelación y obtienen forma de intercambio directo.

Mises escribe:

“En un sistema constante, en el que no existe incertidumbre sobre el futuro, no hay necesidad de acumular liquidez. Todos los individuos saben qué cantidad de dinero será necesaria para cada fecha futura en concreto. Por tanto se encuentra en la posición de prestar todos sus fondos de tal manera que se amorticen exactamente en la fecha en la que los va a necesitar”[v]

Basado en este postulado fundamental, podemos constatar como la primera conclusión provisional acerca de la teoría positiva del dinero que el dinero desaparece con la desaparición de la incertidumbre y, mutatis mutandis, que la inversión debe ser concebida como una inversión en certidumbre o una inversión en la reducción de la preocupación subjetiva de la incertidumbre.

En realidad, fuera de la imaginaria situación de la economía en continua rotación, sí existe incertidumbre. Es imposible predecir con exactitud (certidumbre) los términos, los tiempos y las localizaciones de las futuras acciones e intercambios. La naturaleza de la acción es especulativa y siempre está sujeta a equivocación. En cualquier momento pueden ocurrir sorpresas impredecibles. En el momento en el que los deseos coincidentes de los pares de prospectivos compradores y vendedores fallen, por ejemplo, es decir cuando uno no quiere lo que el otro le ofrece y viceversa, cualquier negocio directo (intercambio) se hace imposible. Encontrado con esta adversidad de las contingencias impredecibles, el hombre puede llegar a valorar los bienes por su capacidad de ser aceptables por el mercado (más que por su valor de uso para él como bienes de consumo o de producción) y acceder a adquirir solo los productos que son aceptados por el mercado y desechar a los que no, de tal manera que su posesión le proporcione la posibilidad de adquirir en un futuro otros productos o servicios directa o indirectamente. Lo que significa que la demanda de medios de intercambio puede incrementarse, es decir la demanda de productos valorados por su aceptación por parte del mercado o reventa.

Y cuanto más fácil es revender un producto, más aclamado está como medio de intercambio, “lo debe ser”, como escribía Mises:

“la inevitable tendencia para una serie de productos que son menos aceptados por el mercado es la desaparición hasta que quede una única commodity que se empleará universalmente como medio de intercambio; actualmente, el dinero.”[vi]

Aunque esta breve reconstrucción del origen del dinero sea familiar, se ha prestado poca atención al hecho de que, como el bien más aceptado por el mercado y más fácil de vender, el dinero es a la vez el más universalmente presenteinstantáneamente obtenible- bien (por esto el tipo de interés, es decir el tipo de descuento que tienen los bienes futuros sobre los bienes presentes, está expresado en forma de dinero) y, como tal, el único bien indicado para aliviar la presente preocupación acerca de la incertidumbre. Dado que el dinero puede ser empleado para la satisfacción instantánea de un amplio rango de posibles necesidades, proporciona a su poseedor la mejor protección posible contra la incertidumbre. Disponiendo de liquidez, su propietario obtiene la satisfacción de ser capaz de luchar, conforme aumente la imprevisibilidad, contra un amplio rango de futuras contingencias. La inversión en liquidez es una inversión contra la aversión a la incertidumbre (en su acepción subjetiva). Conforme más grandes sean las reservas de liquidez, más cómoda es la posición de su poseedor en el caso de un súbito incremento de la aversión a la incertidumbre.

El término aversión a la incertidumbre se usa aquí en su acepción técnica, como opuesta a la aversión al riesgo. La categórica distinción entre incertidumbre por un lado y riesgo por el otro fue introducida en la economía por Frank H. Khight y desarrollada por Ludwig von Mises con su distinción entre probabilidad de caso y probabilidad de clase.[vii]

Los riesgos (ejemplos de probabilidad de clase) son contingencias contra las cuales es posible protegerse, porque las distribuciones objetivas de largo plazo que acogen todos los posibles resultados son conocidas y predecibles. No sabemos nada de los resultados individuales, pero lo sabemos todo sobre una clase de eventos, y tenemos certeza sobre el futuro. En la medida en la que el hombre afronta el futuro lleno de riesgo, no necesita disponer de liquidez. Para satisfacer su deseo de ser protegido contra el riesgo, puede recurrir al seguro. El importe de dinero que gasta en el seguro es indicativo de la profundidad de su aversión al riesgo. Las primas de seguro es el dinero gastado, no acumulado, y como tal invertido en la estructura física de bienes de consumo y producción. Los pagos en concepto de primas de seguro reflejan el sentimiento subjetivo de la certidumbre (predecible) respecto las futuras contingencias (riesgos).

Pero en la medida en la que el hombre afronta la incertidumbre, literalmente hablando, no tiene certeza sobre las contingencias futuras, es decir sobre lo que pueda o quiera necesitar y cuándo. Para protegerse sobre las contingencias impredecibles en un momento impredecible, no puede invertir en bienes de producción (como en el caso de asegurar los riesgos); dado que estas inversiones reflejarían su certeza acerca de sus necesidades futuras. Tan solo bienes presentes, instantáneamente obtenibles, pueden proteger contra las contingencias impredecibles (incertidumbre). Tampoco se quiere invertir en bienes de consumo para protegerse contra la incertidumbre. Para invertir en bienes de consumo es necesario disponer de una inmediata certeza. Solo el dinero, dada su amplia aceptación por el mercado, puede proporcionar protección contra la incertidumbre. Por tanto, al igual que las primas de seguro son precios pagados por la protección contra la aversión al riesgo, la tenencia de liquidez es el precio pagado por la protección con la aversión a la incertidumbre.

Cuando estamos seguros sobre nuestras necesidades futuras, invertimos en bienes de consumo o de producción. Invertir en liquidez supone no invertir ni en bienes de consumo ni tampoco en bienes de producción. De lo contrario de los bienes de consumo o de producción, que son herramientas del sector de consumo o de producción, el dinero no se usa como medio de intercambio ni tampoco es transformado en otra commodity. Invertir en liquidez significa no tengo seguridad acerca de  mis necesidades presentes y futuras y, por tanto, disponer de un bien fácilmente vendible en el mercado sería la mejor opción para afrontar mis necesidades desconocidas que pueden ocurrir en un momento impredecible.

Si la persona, que opta por ahorrar, hace esto es porque se ha visto en la obligación de enfrentarse a la incertidumbre del futuro (percibida de manera subjetiva). De este modo, la acumulación de liquidez representa una inversión en reducción de una futura incertidumbre. Para ahorrar, dicho individuo debe restringir sus compras o incrementar sus ventas de bienes no monetarios (bienes de consumo o de producción). En cualquier caso, el resultado es una caída inmediata de los precios de los bienes no monetarios. Como resultado de restricción de las adquisiciones de X, Y o Z, los precios expresados en dinero de X, Y o Z tienen que bajar (en comparación con los que hubieran sido si esto no hubiera pasado), y del mismo modo, debido al incremento de las ventas de A, B o C, sus precios caerán. El actor, por tanto, logra exactamente e inmediatamente lo que quiere. Acumula una mayor liquidez (nominal y real) y está mejor preparado para un aumento de incertidumbre en el futuro. La utilidad marginal de la liquidez acumulada es más alta que la utilidad marginal de los bienes no monetarios vendidos o no comprados. Se siente más cómodo con más liquidez y con menos bienes no monetarios, si no, no tendría que recolocar sus activos de esta manera. La inversión incrementa cuando remite la incertidumbre, y la inversión en necesidades, presentes o futuras, se reduce en tiempos de certidumbre.

La situación no cambia cuando hay un aumento general de la demanda de dinero, es decir cuando toda la gente o la mayoría intenta incrementar sus reservas de liquidez, como respuesta a un repunte de incertidumbre. En términos absolutos, el tamaño medio de las reservas de liquidez no puede aumentar, desde luego. Tampoco aumenta la cantidad de bienes de consumo o de producción que reflejan la estructura física de producción afectada por el incremento general de la demanda de dinero. Permanece invariable. Intentando lograr aumentar las reservas de liquidez, sin embargo, los precios de los bienes no monetarios tenderán a la baja y el poder adquisitivo por unidad de dinero correspondientemente subirá. Por tanto, la demanda (aumentada) y la oferta monetarias tienden a equilibrarse otra vez pero a nivel del poder adquisitivo por unidad monetaria más alto y los precios para los bienes no monetarios más bajos. O sea, incluso si el balance nominal de liquidez no puede incrementarse como resultado de un aumento general de la demanda de dinero, el valor real de la liquidez sí puede hacerlo; y es este aumento del valor real de la liquidez es lo que produce el efecto deseado: estar mejor preparado para un futuro más incierto.

Nadie se preocupa de la cantidad nominal de las unidades de dinero de las que dispone. Más bien, la gente presta atención a la cantidad del poder adquisitivo que tengan entre sus manos. Si el poder adquisitivo por unidad aumenta como resultado del aumento de la demanda de liquidez, cada unidad de dinero, unida a la reducción de los precios de los bienes no monetarios, hará mejor su trabajo de proteger contra la incertidumbre.

Todo esto sirve a mi propósito de proporcionar una positiva demonstración de la única productividad de reservas de liquidez como “convertidor de incertidumbre en la certeza” dentro de un mundo incierto. Solo un breve comentario, la crisis económica de severidad y consecuencias sin precedentes parece requerir las soluciones que proponemos.

No voy a divagar sobre las causas de la actual crisis, excepto la teoría de los ciclos económicos de los llamados “austriacos” Mises-Hayek. En cualquier caso, la crisis nos ha llevado a una extrema incertidumbre. La gente quiere más certeza a la hora de tratar con el futuro. Consecuentemente, su demanda de liquidez aumenta. Con la cantidad de dinero entregado, una mayor demanda de dinero solo puede ser satisfecha bajando los precios de los bienes no monetarios. Por tanto, conforme baje el “nivel” general de los precios, el poder adquisitivo por unidad de dinero sube. Cada unidad de dinero ahora produce más certeza y así se restaura el nivel de protección contra la incertidumbre. Y la crisis se acaba.

La solución a la crisis puede ser algo distinta a lo que proponen la mayoría de los economistas y expertos oficiales apoyados por los gobiernos. Está motivada por la doctrina, que criticamos aquí, que el dinero mantenido o acumulado es un dinero improductivo que no llega a los sectores de producción y de consumo. La acumulación de liquidez que desea la gente, por tanto, está erróneamente interpretada como reducción de la riqueza. Por tanto, se acometen grandes esfuerzos en aumentar el gasto. Pero esto contradice las necesidades y los deseos de la mayoría de la gente: para estar mejor protegidos contra un aumento de la incertidumbre, los precios deben caer y el poder adquisitivo debe aumentar. Aunque con la afluencia del dinero de nueva creación, los precios aumentarán y el poder adquisitivo por unidad monetaria disminuirá. Así que, el resultado de la actual política monetaria será que el nivel de protección contra la incertidumbre bajará y la crisis se prolongará.


[i] William H. Hutt, "The Yield from Money Held," en: Freedom and Free Enterprise: Essays in Honor of Ludwig von Mises, ed. M. Sennholz, Chicago: Van Nostrand, 1956, pp. 196-216.

[ii] John Maynard Keynes, The General Theory of Employment, Interest, and Money, New York: Harcourt, Brace, and World, 1964, p. 210.

[iii] Roger Garrison, "Central Banking, Free Banking, and Financial Crises," Review of Austrian Economics 9, no.2, 1996, p. 117; George Selgin & Lawrence White, "In Defense of Fiduciary Media," Review of Austrian Economics 9, no. 2, 1996, p. 100/01.

[iv] Para ver una detallada crítica de Keynes ver Hans-Hermann Hoppe, "Theory of Employment, Money, Interest, and the Capitalist Process: The Misesian Case Against Keynes"; para una detallada crítica de la doctrina de la banca libre ver la obra "How is Fiat Money Possible?" Review of Austrian Economics 7, no. 2, 1994 and idem, "Against Fiduciary Media," Quarterly Journal of Austrian Economics 1, no.1, 1998.

Los artículos están resoplidos en  Hans-Hermann Hoppe, The Economics and Ethics of Private Property, 2nd Edition, Auburn, Al.: Ludwig von Mises Institute, 2006.

[v] Ludwig von Mises, Human Action, Chicago: Regnery, 1966, p. 249.

[vi] Ludwig von Mises, Theory of Money and Credit, Irvington, N.Y.: Foundation for Economic Education, 1971, pp. 32–33.

[vii]  Frank H. Knight, Risk, Uncertainty and Profit, Chicago: University of Chicago Press, 1971; Ludwig von Mises, Human Action, chap. VI.

Ver también Hans-Hermann Hoppe, "The Limits of Numerical Probability," Quarterly Journal of Austrian Economics, 10. no. 1, 2007, and idem, "On Certainty and Uncertainty," Review of Austrian Economics, 10, no.1, 1997.

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